Tembleque (Toledo) se prepara para la gran Romería del Santísimo Cristo del Valle
El 27 y 28 de septiembre, Tembleque (Toledo) volverá a rendirse a su devoción más profunda con la Romería del Santísimo Cristo del Valle. Una celebración que es al mismo tiempo memoria, tradición, patrimonio y espiritualidad, y que convierte al paraje del Cristo del Valle en el epicentro de un acontecimiento que trasciende lo religioso para consolidarse como una de las expresiones más auténticas de la cultura religiosa y popular de Castilla-La Mancha
El próximo fin de semana Tembleque volverá a recordar que el Santísimo Cristo del Valle no es solo una talla religiosa; es la advocación más querida de la villa, el símbolo que mejor resume la identidad, la historia y la fe de un pueblo entero. Su devoción ha atravesado generaciones y siglos, manteniéndose siempre viva y en constante crecimiento. Desde Mora hasta Villanueva de Bogas, pasando por Turleque, la comarca entera se ha sentido amparada bajo la mirada del Cristo del Valle de Tembleque.
Especialmente intenso ha sido siempre el vínculo espiritual y humano entre Tembleque y Turleque, dos pueblos hermanados no solo por la geografía, sino también por una cercanía histórica y espiritual en torno a la ermita y a la venerada imagen que en ella se custodia. La Ermita del Cristo del Valle, enclavada en un paraje natural de singular belleza, es mucho más que el escenario de la romería. Levantada en el siglo XVII, ha sido a lo largo del tiempo guardiana de la fe de todo un pueblo y un referente patrimonial de enorme valor histórico. En sus muros se conserva la memoria de generaciones de temblequeños y temblequeñas que, pese a las dificultades de cada época, no dejaron de velar por su cuidado. Hoy la ermita luce gracias al compromiso compartido de la Hermandad del Santísimo Cristo del Valle y de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Tembleque, cuya labor resulta decisiva para mantener en pie este legado de devoción y para asegurar la continuidad de la romería como una tradición sólida y viva.
Por ello, Tembleque volverá a volcarse con una programación que combina fe y tradición popular. El sábado 27 de septiembre, a las cinco de la tarde, la explanada del Cristo del Valle acogerá el Concurso de Perchas en sus categorías masculina y femenina, acompañado de juegos infantiles que darán un ambiente festivo a la tarde. Por la noche, a las ocho, se celebrará en la ermita la misa en honor a los difuntos de la Hermandad y la imposición de medallas a los nuevos hermanos. Será un momento de gran solemnidad que dará paso a la entrega de premios del Concurso de Perchas y del Concurso de Fotografía, y a un espectáculo de fuegos artificiales que estará amenizado por la Asociación Musical Cristo del Valle, con la colaboración del Ayuntamiento de Tembleque.
El domingo 28 de septiembre será el día grande. A las doce del mediodía, la ermita acogerá la misa solemne en honor al Santísimo Cristo del Valle, antesala de uno de los momentos más esperados: la procesión con la advocación más querida de Tembleque, que comenzará a la una de la tarde y estará acompañada por la música de la Asociación Musical Cristo del Valle. Este año, la salida de la imagen estará a cargo de la peña Ceda el Vaso, un privilegio que marca la tradición de la participación vecinal en la organización. Como es costumbre, la jornada culminará con la puja y el sorteo del cordero, un gesto que simboliza la continuidad de las costumbres populares ligadas a la devoción.
Nada de esto sería posible sin el trabajo constante de la Hermandad del Santísimo Cristo del Valle, con la junta directiva presidida por Enrique López, y de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, que juntos sostienen el peso organizativo y espiritual de la romería. Su labor no solo se refleja en la coordinación de los actos, sino también en la preservación del patrimonio, en el cuidado de la ermita y en la transmisión de la devoción a las nuevas generaciones.
La ermita del Santísimo Cristo del Valle de Tembleque es un santuario rural de estilo barroco levantado a finales del siglo XVII para custodiar una imagen considerada milagrosa. La tradición sitúa su origen el 24 de junio de 1688, cuando dos peregrinos, Juan Bautista y Manuel Terrín, pintaron prodigiosamente la figura de un Cristo crucificado en el muro de un silo del paraje. Aquel hecho fue interpretado como un signo divino y llevó al labrador Francisco Rodríguez Palmero, propietario del terreno, a donar la finca a la Orden de San Juan para que se levantara un templo en aquel mismo lugar. La construcción comenzó ese mismo año y concluyó en 1698 bajo el patrocinio del príncipe Carlos de Lorena, prior de la Orden, dejando para la posteridad una obra singular de la arquitectura barroca manchega. El edificio, de planta de cruz griega, combina la sobriedad de la mampostería con la elegancia del ladrillo, y luce en su portada el escudo de la Orden de Malta y la inscripción fundacional. Su interior, con pilastras, entablamentos y bóvedas de medio cañón decoradas, transmite la solemnidad de un espacio concebido para la devoción y el recogimiento.
Con el paso de los siglos, la ermita se convirtió en un referente espiritual y patrimonial para toda la comarca. La imagen del Santísimo Cristo, también conocido como Cristo de la Palma, pronto adquirió fama de milagrosa, y hasta bien entrado el siglo XIX decenas de carros de peregrinos llegaban cada año desde distintos pueblos para suplicarle favores. Esa tradición, lejos de perderse, se mantiene viva en la actualidad a través de las dos romerías anuales, en mayo y en septiembre, que congregan a vecinos de Tembleque y de localidades cercanas. Hoy, la ermita y la venerada talla del Cristo del Valle no son solo un emblema religioso, sino también un testimonio artístico y cultural de enorme valor para Castilla-La Mancha, que reafirma a Tembleque como guardián de una de las devociones más arraigadas de la región.
Aunque sea una de las romerías menos conocidas de Castilla-La Mancha, la del Cristo del Valle es una de las más valiosas desde el punto de vista histórico, patrimonial y espiritual. En ella confluyen la fe, la cultura y la identidad popular en una manifestación que refuerza el compromiso colectivo de los temblequeños y temblequeñas con su historia y con su Cristo. La Romería del Santísimo Cristo del Valle es, en definitiva, mucho más que una celebración religiosa: es el corazón de un pueblo que late al compás de su devoción, una herencia compartida que sigue creciendo con la fuerza de la fe y con la certeza de que el Cristo del Valle seguirá siendo, por siempre, el símbolo más querido de Tembleque.