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  • Diario Digital | miércoles, 18 de mayo de 2022
  • Actualizado 14:56

El Atlético se agarra a la Champions

El Atlético se agarra a la Champions

El Atlético de Madrid se agarra con fuerza a la Champions tras ganar (1-0) al Real Madrid, en el Metropolitano.

Lo hizo ante un campeón muy rebajado en su alineación, al que no hizo pasillo, si parece que lo hizo el Madrid . Los rojiblancos tenían la necesidad de sumar los tres puntos para asegurarse casi matemáticamente la clasificación para la próxima edición de la Champions Ligue. Y lo logró con una buena dosis de intensidad y de una presión muy alta y aguerrida que ahogó  a un Real Madrid muy tibio y sin nada de energía, sobre todo en un primer tiempo para olvidar.

Se dice, y es verdad, que puede más el estado de necesidad que el de la felicidad a la hora de competir. El Atlético tenía la inexcusable necesidad de ganar para casi asegurarse la máxima competición europea el próximo año y puso todo para ganar desde el minuto uno hasta el final: El Madrid, en cambio, con los deberes ya hechos, salió de comparsa, sin ninguna tensión  siendo muy racano durante todo el primer tiempo. Solo compareció durante el segundo periodo.

No es de extrañar el pobre rendimiento de los blancos durante  todo el primer periodo, teniendo en cuenta que fue un Madrid de saldo. Fue un equipo cuajado de suplentes. En el banquillo estaban: Courtois,Carvajal, Mendy, Modric, Valverde, Vinicius y Benzema. Luego en la segunda parte a partir del minuto 60, salieron Mendy,Valverde,Modric y Vinicius.

 Era lógico darles un descanso, después de tantas emociones cómo vivieron los blancos durante toda la semana con la celebración de la Liga ya conquistada; y tras el agónico partido jugado contra el Manchester City que les ha dado el pasaporte para jugar la final de la Champions.

En el primer tiempo el dueño y señor del partido fue el Atlético de Madrid que aunque sin mucho orden gozó de hasta dos oportunidades para abrir el marcador, sobre todo una de Correa. El equipo de Ancelotti, apenas salió de su área, una y otra vez perdían la pelota ante la fuerte presión rojiblanca que no les dejaba respirar. En uno de esos balones perdidos por los blancos, concretamente de Asensio que perdió el balón donde no se debe perder llegó la jugada del penalti. Marcos Lorente tras la pérdida madridista, habilitó para Cunha. El brasileño enfiló el área y cayó entre Militao y Vallejo. El colegiado no vio nada punible. Fue el VAR el que le corrigió del pisotón de Vallejo. Carrasco, el mejor del partido, no perdonó la pena máxima.

El primer periodo no dio para más salvo ese tanto de penalti y una oportunidad de Jovic casi al final de ese primer periodo. Algo debió decirles Ancelotti en el descanso, porque el Madrid que había salido desconectado en los primeros 45 minutos, en el segundo periodo lo hizo  con otro porte, con otras intenciones. Al fin al cabo, un derbi siempre es un derbi.

El Atlético apareció en el segundo acto ya sin Correa y con Griezman. El Real Madrid ya tenía más la pelota y tuvo un par de ocasiones por parte de Jovic que se hizo un lío;  y de Casemiro, que en una posición inmejorable, tras una buena contra, sacó un disparo inofensivo que remató con una sonrisa.

 Pero para ocasiones claras las del Atlético. Tanto Carrasco como Griezman tuvieron sendas ocasiones para haber dado la puntilla definitiva al derbi. Perdonaron, y tratándose del Real Madrid eso suele resultar mortal. Pero en esta ocasión,  fueron perdonados ya que con la entrada de Valverde por Casemiro,  más las de Mendy, Modric y Vinicius, el partido fue otro bien distinto. El uruguayo obligó a Oblack a realizar tres buenas paradas a otros tres magníficos disparos de Valverde que dio brío al Madrid.

 Los minutos finales fueron un tanto angustiosos para los atléticos. Pudo matar el partido antes, pero se vio abocado a un final en el que se encomendó a Oblack  que puso a salvo un triunfo necesario, casi obligado, para allanar su camino a Europa.

Y, no hubo más historia. Uno ganó por pura necesidad y porque se jugaba el ser o no ser en Europa, y el otro llegó instalado en el estado de felicidad. No hay que darle más vueltas.