En una gran exhibición de juego, talento, energía y ganas, el Barcelona es el nuevo campeón de la Supercopa, al dar una auténtica paliza (5-2) a su gran rival, el Real Madrid en la final disputada en Yeda.
La superioridad azulgrana fue aplastante de principio a fin ante un rival invisible que no compareció en Arabia,haciendo un partido lamentable. Qué digo lamentable, fue de vergüenza. Con una defensa de chiste, indigna para un equipo como el Real Madrid. Lo siento mucho, pero Tchouaméni y Lucas Vázquez, ambos fuera de su sitio, no están para partidos de gran nivel. Están bien para andar por casa, pero no para encuentros como el de una final. Ahora, se echará la culpa a Ancelotti,que tienen su parte, por la humillación recibida por su eterno rival, pero habría que mirar más arriba, concretamente a Florentino Pérez, que con la lesión de Carvajal, la de Alaba, la marcha de Kroos y de Joselu, no se ha fichado a un lateral, ni a un central, ni un sustituto para el alemán y un delantero rematador. Esas carencias se notan en los grandes enfrentamientos. Hay que mirar también al palco
A lo que íbamos, el Barcelona funcionó como un auténtico equipo, con jugadores con mucha hambre de títulos y con dos fenómenos, Raphinha, autor de dos goles, y Lamine Yamal que marcó un soberbio golazo con el que firmaba el empate (1-1).
En esta Supercopa, volvimos a ver al Barcelona golear al Real Madrid (en sus dos enfrentamientos le ha marcado nueve goles). El club azulgrana estará muy enredado en los despachos por ese contencioso de la licencia de Dani Olmo, pero sobre el terreno de juego es una delicia verle jugar. Borró a su rival de una forma brillante y hasta avasalladora. Su juego fue supremo, ante un Madrid irreconocible que fue humillado hasta dejarle en cueros.
El Barça se llevó por delante al Madrid,roto en defensa y con poca actitud y sin mordiente. El Barcelona fue un auténtico equipo, y el Real Madrid, una banda. Curiosamente, en el mejor partido de Mbappé desde que viste la camiseta blanca. Fue lo único positivo del equipo de Ancelotti.
Como se suele decir, el partido fue un baño del Barcelona que realizó un primer tiempo primoroso. También, en el segundo periodo, hasta que se quedó con diez jugadores en el minuto 56 por expulsión del guardameta Szczesny, por zancadillear a Mbappé, cuando iba camino de hacer gol. Aún así, el Madrid no supo gestionar su superioridad numérica frente,entonces, a un muy ordenado Barcelona que supo guardar con autoridad su portería, a pesar de que como consecuencia de la falta marcase Rodrygo un estupendo gol que dejaría el resultado en el 5-2 final.
En esta final, ganó quien tuvo la pelota que fue el club azulgrana. El Madrid,que basa su juego no tanto en el balón pero si en la velocidad, no tuvo ni lo uno ni lo otro. No fue nadie. Estuvo vacío de contenido. Y eso, que el partido comenzó adelantándose en el marcador a los cinco minutos. Gol de Mbappé que definió a la perfección una contra que comenzó en el Vinicius, continuó el francés con una gran carrera,bicicleta a Balde y gol. Un gol al más puro estilo Mbappé.
El Madrid se las prometía muy felices, pero no se dio cuenta que antes de ese 1-0, Courtois salvo dos ocasiones de gol a Lamine Yamal y Raphinha, con dos grandes intervenciones.
El gol en contra, espoleó aún más al Barcelona que estaba jugando como los ángeles . Se veía llegar el empate, y llegó. Minuto 21,pase de Lewandwski a Lamine Yamal este juguetea al borde del área ante la desaparición de Tchoueméní, nefasto toda el partido,y Mendy para marcar un gol de categoría, digno de un genio.
El partido tenía mucho ritmo, sobre todo el que le daba el Barcelona que a raíz de la igualada,fue un vendaval. Los azulgranas volaban ante un inoperante y horroroso Real Madrid . Sus figuras, nunca aparecieron. Vinicius y Bellingham, apenas hicieron acto de presencia. Mbappé, era el único que tenía marcha,aunque durante un buen trecho del primer tiempo, anduvo maltrecho por un pisotón de Koundé que le dobló el tobillo. Iñigo Martínez,también sufrió un percance y tuvo que retirarse, sustituyéndole, Araujo.
A los 35 minutos, penalti de Camavinga a Gavi,tan claro como innecesario, que se encargó de ejecutar Lewandowski. Era el 2-1. De inmediato, llegó el 3-1 en cabezazo de Raphinha a pase de Koundé desde la derecha. La defensa del Madrid, de nuevo, hizo la estatua, sobre todo el invisible Tchouaméni, a quien Ancelotti, se empeña en alinear como central, cuando es más malo que el sebo.
El Real, estaba en la inopia y poco antes de llegar al descanso, Balde hizo el 4-1, en una contra que nació de un saque de equina mal ejecutado, que Camavinga estropeó aún más. Antes incluso pudo ver la roja por agarrón al propio Balde cuando ya tenía una amarilla.
Se llegó al descanso con goleada y con negros nubarrones sobre el Real Madrid, que hizo un primer tiempo de auténtica, repito, vergüenza.
La segunda parte comenzó con una buena ocasión de Rodrygo,quien de volea tras centro de Vinicius,se fue al larguero. Inmediatamente después ese inmenso jugador que es Raphinha,todo coraje y corazón, en otra contra marcaba el 5-1. La defensa blanca volvió a fallar estrepitosamente al defender con la mirada, pero Tchouaméni seguía en el campo.
Tal y como se estaba desarrollando el partido, la cosa iba para goleada histórica, hasta que Szczesny fue expulsado por derribar a Mbappé cuando iba camino del gol. Gil Manzano, mal arbitraje el suyo, no vio falta pero el VAR,si. Rodrygo, marcó la falta con un disparo junto al palo donde no llegó el recién llegado, Iñaki Peña.
Se reducía la distancia, y todos pensamos, ante la superioridad numérica, que el Madrid entonces iría en tromba al área azulgrana para intentar reducir esa distancia sideral y algo más…. Nada más lejos de la realidad, los de Ancelotti seguían con su monumental empanada y apenas crearon peligro. El único que inquietaba algo era Mbappé, que protagonizó una gran jugada que no pudo culminar Bellingham por acierto de Koundé.
Llegaron los cambios y más cambios. Si al inicio de la segunda parte Ceballos había sustituido a Camavinga, Ancelotti no quitó al jugador fantasma, Tchouaméni, hasta bien entrado el segundo periodo. También quitó a Vinicius e introdujo a Brahim. Nada cambió. El Barça,ya sin Raphinha por problemas musculares,siguió a lo suyo jugando y defendiendo como posesos, para ganar un partido tremendo donde se exhibió brillantemente empequeñeciendo a un Madrid pésimo en todos los sentidos. Por supuesto, Dani Olmo, el discutido por aquello de la licencia, compareció en el campo para jugar unos cuantos buenos minutos.
El Barcelona,sale fortalecido y crecido en su autoestima y con todos los argumento a su favor. En cambio, el Real Madrid sale muy tocado. En un mismo día,además de perder la Supercopa, ha cedido en liderato de la liga al Atlético de Madrid,campeón de invierno.
Se impone una profunda reflexión en el Madrid sobre las dos palizas que le ha metido su gran rival de siempre, el Barcelona.