Quijote Digital

  • Diario Digital | jueves, 02 de abril de 2020
  • Actualizado 20:52

Lo que de verdad importa

Lo que de verdad importa

Un virus  minúsculo con connotaciones terroríficas, ha puesto el mundo patas arriba. Apareció sin saber nadie por qué, sembrando de inquietud, de miedo y lo que es peor de muerte por donde pasa.

Ese bicho, hijo de puta, está cambiando (y más que va a cambiar) el concepto de vida que hasta ahora teníamos, disipada para algunos, desmedida para otros y dentro de un orden más o menos aceptable para una gran mayoría.

Mientras que la epidemia  avanza sin tregua por todas las fronteras, el ser humano va desgranado su grandeza en algunos casos, y su miseria en otros. Los hay, la mayoría, que toman conciencia de lo que de verdad está pasando y muestran su lado más humano ayudando,obedeciendo al estado de alarma establecido,apelando a la solidaridad y siéndolo, poniendo lo mejor que tienen. En cambio, otros muestran el lado más miserable de la condición humana pasando por alto todas las normas, haciendo una pertinaz  desobediencia y dejando de lado toda la ayuda y unidad que se necesita para superar a este inmesericorde enemigo. Es más, algunos malnacidos se aprovechan de la situación extrema para engañar  mediante estafas a los más débiles.  Es la vida misma o mejor dicho lo que ha sido hasta ahora.

Ha tenido que ser un virus, un maldito elemento nacido probablemente del progreso (tal vez producto de un desarrollo mal entendido) , el que nos ha abierto los ojos, dándonos un toque de realidad al género humano.

Con esta pandemia que nos ha recluido en la intimidad de nuestro hogar y de nuestra propia alma,  debe  servir  para que nos demos cuenta de lo que es importante y lo que no. Que valoremos más a un médico,enfermera y sanitario  que a un futbolista o deportista de renombre. Por la sencilla razón de que su labor  se volvió más indispensable que el de pegar patadas a un balón o meter una canasta o correr por un circuito bien con moto o coche de fórmula 1.

Nos hemos dado cuenta que un hospital bien equipado de material sanitario y suficiente personal es más importante que un estadio de fútbol, que cualquier industria tecnólogica, y más, mucho más que el armamento bélico  que sirve para acabar con la vida.

Se suspendieron conciertos, se apagaron las luces de los estadios de fútbol, se prohibieron manifestaciones, se pararon rodajes de películas y hasta las misas... En definitiva, se paró el Mundo…Entonces, hubo tiempo para la reflexión individual.

Y en esa profunda reflexión, nos hemos dado cuenta que el ser humano no es el centro del universo, que somos tan pequeños  como ese virus que está sembrando el pánico y que no sabe nada de la condición  humana, atacando  lo mismo a los que  nadan en la abundancia como  a los más desfavorecidos. No sabe de colores ni de status. Ataca de forma indiscriminada a tiros y troyanos haciéndonos ver que no somos el ombligo de este Mundo tan desigual y tan injusto.  Todos somos culpables de esta pandemia y ninguno.

Un virus mortal, nos ha dado un buen golpe en la cabeza para  despertar  nuestra conciencia para ser solidarios, ayudar a los que más lo necesitan: a los ancianos,a nuestros abuelos a esos que están en el grupo de más riesgo. Nos ha enseñado también a valorar más a. la ciencia que a la economía. A mirar más a la persona y menos al entorno, a ser menos egoísta y a mirar más por el bien común. En una palabra, a ser mejores.

Nos ha enseñado, sobre todo que estábamos equivocados en la prioridad de valores, que la vida debe ser lo primero y que lo demás es secundario.

Lo que de verdad importa es la vida.