La derrota sin paliativos del Real Madrid en Lisboa por 4-2, se puede calificar de vergonzosa por la imagen proyectada y por lo poco que ofreció el Madrid, ante lo mucho que se jugaba.
El Madrid de Arbeloa volvió a las andadas.Después de la buena imagen ofrecida frente al Villarreal,el optimismo se había instalado en la casa blanca. Pero,qué va,fue un espejismo si nos atenemos a lo que hemos visto en el estadio Da Luz de Lisboa ante un bravo y agresivo Benfica que pasó por encima de un Madrid muy pusilánime.
En tierras portuguesas regresó a los viejos vicios: no fue nada agresivo, defendió muy mal con una blandura desesperante,atacó con poca enjundia y Vinicius volvió a estar ausente ofreciendo una imagen poco solidaria con su compañero Carreras, que sufrió lo indecible ante ese pedazo de jugador llamado Prestiani.
Mourinho, demostró lo buen entrenador que es,preparando el partido a la perfección. Su mandato era claro: atosigar al rival con una presión fuerte y precisa para ahogar a la defensa y al centro del campo y después,atacar con velocidad y mucha verticalidad.
Ante ese planteamiento, el Real Madrid no encontró respuesta a la tormenta de los portugueses que jugaron con el cuchillo entre los dientes.
El Benfica fue un vendaval,y nunca mejor dicho,por lo mucho que llovió, jugando con pasión y orgullo frente a la frialdad e indolencia del Madrid. Tal y como estaba el terreno de juego,se necesitaban guerreros. El Benfica los tuvo, el Madrid todo lo contrario, tuvo marionetas.
Mourinho planteó un partido intenso y duro desde el pitido inicial.Desde un 4-4-2 a veces daba la sensación que el equipo se encogía para acto seguido atacar con fiereza y verticalidad. Lo que se llama el juego directo que tanto gusta al técnico luso. El Madrid, en cambio, trataba de defender desde el pase, con mucho toque pero poca profundidad.
En el estadio Da Luz, lugar mágico para el madridismo por conquistar allí la ansiada Décima el 2014, en esta ocasión fue un drama por la forma de perder que se puede calificar como desastre total. Una derrota que dejó en evidencia a este Real Madrid de Álvaro Arbeloa, que vuelve a tener los mismos vicios de la última temporada.
El nuevo técnico,que no ha dejado de elogiar a sus jugadores,sufre a los 15 días de llegar la misma falta de intensidad y de ganas que aceleraron el despido de Ancelotti y hace pocos el de Xabi Alonso.
Mal hace en elogiar tanto a los jugadores que están haciendo la política de brazos caídos. Tiene que ser más exigente,no se puede ser condescendiente con quien no pone toda la carne en el asador, y los jugadores blancos no ponen lo que tienen que poner.
Como muestra,valga un botón. El Benfica recorrió 10 kilómetros más que el Madrid. El nuevo entrenador blanco sin embargo, no admitió estas carencias que apuntan directamente a la falta de implicación del vestuario del Real Madrid. Algo que ya apuntó Carlo Ancelotti y también, de alguna forma en sus últimos instantes,Xabi Alonso.
La vergonzosa derrota en Portugal expuso los déficits de este Madrid: falta de conexión con el partido e incapacidad para generar juego y ocasiones.
El Benfica disparó más a puerta (12-6),arrasando en todo momento al hipotenso Real que sigue huérfano de fútbol.
Kylian Mabappe, que a base de goles se ha erigido en el líder del Madrid,tras el encuentro levantó la voz, y de qué manera. El delantero francés apuntó a la falta de energía y continuidad. “No podemos estar un dia si y un dia no, esto no es un equipo campeón”, se lamentaba tras el 4-2.
Mbappé siguió levantando la voz y dijo lo que muchos madridistas piensan: “No es normal lo que hemos visto” para continuar con una declaración dura y rotunda. “Nos ganan y no es un tema de calidad. No es un tema de táctica. Es un tema de tener más ganas que el oponente. Se ha visto que el Benfica se jugaba la vida. No he visto que nosotros también nos jugábamos la vida, y ese es el problema. Se ha visto al Benfica pero no se ha visto al Real Madrid”, criticó el goleador del equipo que ya suma 36 goles en lo que va de temporada. Más claro, el agua.
Todo esto que ha expresado con crudeza Mbappé, es lo que piensa la inmensa mayoría de los aficionados blancos,que sintió vergüenza por la derrota tan dolorosa sufrida por su equipo. Un Madrid que se arrastró ante el empuje y ambición de un Benfica que le ganó en todo: en balones divididos, en fortaleza mental y por descontado, en agresividad.
Como dice Mbappé, faltaron ganas. Es decir que el conjunto portugues puso las ganas que les faltó a los jugadores del Real. Y esto es algo imperdonable en un equipo del historial del Madrid,que jugó sin alma. Y esto, es una vergüenza.