Opinión

Una final épica corona al Barça

El Barcelona, es el campeón de la Copa del Rey al ganar al Real Madrid (3-2) en la prórroga, con gol del infatigable, Koundé en una final que ha tenido tinte épicos , por la lucha y entrega de dos colosos que han jugado como auténticos campeones. Fue una hermosa final, que entrará en la historia por sus muchas variantes en el juego, por el gran despliegue de dos equipos que terminaron agotados y en el que nadie se rindió hasta el último aliento. Fue un brillante clásico en una final, que pudo ganar cualquiera.

El Barcelona, que traía el papel de favorito tras los dos enfrentamientos habidos entre los dos equipos,con victoria de los culés, hizo honor a ello, tomando la incitativa. Su inicio fue muy cómodo frente a la inoperancia del Madrid que no se enteró en la primera media hora de partido, con el centro del campo, especialmente Ceballos, muy desacertado y con la lesión de Mendy a los ocho minutos de juego. Es lo que tiene, alinear a un  jugador que acaba de salir de una lesión muscular sin rodaje.

El Barça, como se esperaba,comenzó con una presión muy alta, apretando en la salida del balón  a un  Madrid perdido y sin ajustes,  incapaz de dar dos pases seguidos. Los azulgranas, dominaban en todas las parcelas del campo aunque sin crear excesivo peligro, pero siendo los amos del partido y dando la sensación de que era un auténtico equipo frente a otro, que corría tras el balón.

Lamine Yamal, con nueva imagen, un tanto hortera la verdad, pudo anotar en un centro chut envenenado. También lo pudo hacer Koundé, en un cabezazo que desvió Courtois. Era tanto el acercamiento de los azulgranas que en minuto 28, tuvieron recompensa con el gol de Pedri, una delicia de jugador y el maestro de ceremonias de su equipo. Todo el juego pasa por el canario.

 Pedri, aprovechó una estupenda maniobra de Lamine desde la línea de fondo, para marcar un golazo por toda la escuadra. Ceballos, que era quien tenía que tapar a Pedri, estaba a por uvas.

Con el 1-0 del Barcelona, despertó algo el Madrid hasta entonces inexistente. Bellingham y Vinicius tuvieron sus arrebato pero sin consecuencias. Al inglés se le anuló un gol por claro fuera de juego. Al igual que a Vinicius quien corrió en un pase que era para Fran Garcia, estando él en fuera de juego, por lo que el penalti que le hizo Iñaki Martinez, no tenía aplicación.

El Madrid ya había entrado en el partido. No así Rodrygo, frío, distante y un cero a la izquierda. Su actuación fue fantasmal. Preocupante la actitud de este jugador en los últimos partidos. Su ausencia fue escandalosa y Ancelotti, nada más iniciarse la segunda parte lo cambio por Mbappé. Con la entrada del francés, el partido cobró otra dimensión para los blancos. Pero el Barça no le perdía la cara al choque, con remates de cierto peligro de Lamine,Rafinha y Pedri e incluso pudo rematar el partido cuando el balón dio en el poste después de desviar  Rüdiger un balón, tras saque de esquina. 

 Aunque era el Madrid quien le ponía más pimienta, jugando con más agresividad. Bellingham, se echó el equipo a las espaldas y las cargas hacia la portería azulgrana eran continuas. Vinicius, en una contra obligó a Szczesny a una doble intervención de mucho mérito. El Barça entonces era vulnerable.

 Las entradas de Modric y Arda Güler por Ceballos y Lucas Vázquez, pero sobre todo  la oportuna  de Mbappé, hicieron crecer  más al Madrid, que entonces fue   más agresivo e intimidador, obligando al Barça a recular y a confiar en el contragolpe donde Ferran y Rafinha, muy desacertado en sus disparos, tuvieron alguna ocasión. Pero era el Madrid quien asfixiaba y no dejaba salir de su campo al Barcelona.

El gol se veía venir y llegó por el hombre que revolucionó a los suyos, Mbappé. Una falta en la frontal del área  hecha por De Jong, cuando el francés iba derecho a puerta, fue lanzada estupendamente por  Mbappé que empataba (1-1) con toda justicia, en el minuto 70. El Madrid estaba a toda marcha, Vinicius en otra contra, apuró demasiado y no tiró ni centró cuando Mbappé y Arda Güler estaban en posición de remate.

 El turco, que jugó una estupenda segunda parte, sacó un saque de esquina de forma magistral y Tchouameni, en plan poderoso, de cabeza marcaba el (1-2) en el 77.  La remontada se hacía realidad.

   No obstante, el Madrid no supo defender y retener la ventaja en los últimos 13 minutos. Un fallo en la salida de Courtois (también comete errores) posibilitó el empate de Ferran en el 84.

La prórroga parecía inevitable, pero en el 96 llegó el momento del suspense, Rafinha cayó ante Asencio. El árbitro pitó penalti pero el VAR corrigió a  De Burgos por el  piscinazo del brasileño. La prórroga estaba servida.

Los dos equipos estaban fundidos. Los cambios fueron lógicos en los casos de Pedri y Vinicius, ambos estaban tiesos. La prórroga no restó un ápice de emoción. La final seguía siendo magnífica. Era un toma y daca. La copa no tenía dueño y se le llevaría el que no cometiese errores.

Y fue el Madrid, quien cometió ese error que le condenó. Modric robó un balón en su campo, pasa  a Brahim que en la duda de ir o no ir a por la pelota, se la robo Koundé, poderoso todo el partido, para con el alma sacar un disparo que significaba el definitivo 3-2, en el 115 de partido. Un gol que vale una copa del Rey, el segundo título del Barcelona de los tres a los que aspira.

El Barça mereció el triunfo, como también lo hubiese merecido el Madrid, si hubiese ganado. Fue cuestión de detalles. Esta vez le tocó perder una final.

Honor para los dos grandes de nuestro fútbol que nos regalaron  un espectáculo grandioso. Fue una final muy bien jugada, con mucha emoción y máxima tensión con los dos equipos dándolo todo. Y hasta bien arbitrada por De Burgos Bengotxea, que un día antes se equivocó con esa inoportuna y desafortunada rueda de prensa, que tanta polémica levantó.

Lamentar la actitud del final de partido que protagonizó un desaforado y fuera de sí  Rüdiger , que había sido sustituido. Al alemán se le fue la cabeza e intentó agredir al arbitro con una bolsa de hielo,tras una falta en ataque de Mbappé a Eric García. Todo el banquillo blanco perdió los nervios y a resultas de ello, Rüdiger y Lucas Vázquez vieron la tarjeta roja.

Fue un triste colofón a una final que fue todo un espectáculo que ganó el estupendo Barcelona, pero con el Madrid en todo lo alto.

 

 

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